Babel 17 by Samuel R. Delany

Babel 17 by Samuel R. Delany

Author:Samuel R. Delany
Language: es
Format: mobi, epub
Tags: sf
Published: 1965-12-31T23:00:00+00:00


II

Se apoyó en la baranda del pasadizo, para observar la actitud en la plataforma de carga y descarga que se curvaba debajo de ella.

—Control, lleva a los chicos abajo para que den una mano con esos montacargas. Jebel dijo que les vendría bien un poco de ayuda.

Control guió al equipo hasta la silla ascensor que descendía hasta las profundidades de Tarik.

—...Muy bien, cuando lleguen abajo acérquense a ese hombre de camisa roja y díganle que los ponga a trabajar. Sí, a trabajar, ¿de qué se sorprenden, estúpidos? Kile, asegúrate con las correas, ¿quieres? Hay setenta y cinco metros hasta abajo, y tu cabeza encontrará un poco dura la caída. Eh, ustedes dos, basta. Ya sé que él empezó. Solo vayan allí abajo y hagan algo constructivo...

Rydra vio maquinaria y suministros orgánicos —de la Alianza y de los Invasores— recuperados por los equipos de desmantelamiento que trabajaban en las ruinas de las dos naves y del enjambre de cruceros; las cestas repletas se apilaban en el área de carga.

—Muy pronto arrojaremos al espacio las naves crucero ―Rydra se volvió al oír la voz de Jebel―. Mucho me temo que también el Rimbaud irá con ellas. ¿Hay algo que le gustaría recuperar antes de que lo botemos, capitán?

—Me gustaría recuperar algunos papeles y grabaciones importantes. Dejaré aquí al equipo y llevaré conmigo a los oficiales.

—Muy bien —dijo Jebel, reuniéndose con ella ante la barandilla—. Tan pronto como terminemos aquí enviaré una tripulación de trabajo con usted, por si necesita traer algo de gran tamaño.

—No será nece... —empezó ella—. Oh, ya entiendo. Necesita combustible, ¿verdad?

Jebel asintió.

—Y componentes de estasis, y repuestos para nuestros botes araña. No tocaremos el Rimbaud hasta que usted no haya terminado con él.

—Ya veo. Creo que es justo.

—Estoy impresionado —prosiguió Jebel, cambiando de tema— con su método para romper la red defensiva de los Invasores. Esa formación particular siempre nos ha dado un poco de trabajo. El Carnicero me dice que usted la desarmó en menos de cinco minutos y solo perdimos un bote araña. Es un récord. No sabía que era una consumada estratega aparte de ser poeta. Sus talentos son múltiples. Es una suerte que el Carnicero haya respondido a su llamada. Yo no hubiera sido lo suficientemente sensato como para seguir sus instrucciones así, repentinamente. Si los resultados no hubieran sido tan buenos, me hubiera enojado con el Carnicero. Pero sus decisiones jamás han dejado de beneficiarme.

Dirigió la mirada hacia la fosa. El ex convicto se hallaba en una plataforma suspendida en el centro, silencioso espectador de las operaciones que se llevaban a cabo abajo.

—Es un hombre curioso —dijo Rydra—. ¿Por qué estuvo en prisión?

—Jamás se lo pregunté —dijo Jebel, alzando la barbilla—. Él jamás me lo dijo. En Tarik hay muchas personas curiosas. Y la privacidad es muy importante en un espacio tan pequeño. Oh, sí, en un mes usted podrá darse cuenta de lo pequeña que es la Montaña.

—Lo olvidé —se disculpó Rydra—. No debí haber preguntado.

Una sección delantera completa de la nave bombardeada era arrastrada por el túnel en un transportador dentado de seis metros de ancho.



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